domingo, 1 de febrero de 2009

Ayer, hoy … todo


Recuerdo que al principio odiaba quedar en un hotel, una parte de mi no lo aceptaba, pero ahora en nuestro primer aniversario ya no me importa, porque desde la primera vez siempre hemos reservado la misma habitación es como volver a casa.

Se que el noto mi incomodidad aquel día, las manos temblorosas. nunca había hecho nada parecido y eso se podía oler, un olor fuerte, como el miedo, pero en ningún momento sentí miedo.

Hoy entro en el hotel con paso decidido, esta vez las mariposas que siento en mi estomago son completamente distintas a entonces.

Ese día la emoción, hoy es entrega.

Despacio me acerco a la cafetería se que le gusta verme ir hacía él, con paso tranquilo y con un suave balanceo haciendo que las cabezas se giren a mirarme, que me sigan con ojos codiciosos.

Llego hasta donde el esta, tengo la mirada baja y me arrodillo ante él, y espero, sin prisa ni vergüenza, no me importa que miren, que murmuren yo estoy donde debo estar, a sus pies.

Con suavidad acaricia mi rostro bajando la mano por mi cuello para acariciar el collar que hoy hace un año me puso, y entonces oigo el susurro en mi oído, - “ te eche de menos mi perra”- , suave con voz profunda llenándome de gozo. Toma mi mano y me ayuda a levantarme. Me siento a su lado, y sonrío, su dedo acaricia mi sonrisa.

Engancha la correa a mi collar y con un suave tirón me da la orden de levantarme, obedezco al instante y nos dirigimos con calma hacia el ascensor.
Las cabezas se giran a mirarnos y se oyen los susurros, no nos importan nosotros ya no estamos aquí, vamos camino de nuestro pequeño Edén.

Una vez en el ascensor aprieta el dos mientras su otra mano sube por debajo de mi falda acariciando la media e introduciendo un dedo en mi, noto su sonrisa mientras me besa, su dedo juega con las bolas chinas.

El viaje es corto y el placer tanto… enseguida se abren las puertas del ascensor y nos dirigimos a nuestro hogar.

Al entrar en la habitación deja con suavidad su bolsa, tira de mi correa acercándome a usted, sus labios recorren mi cuello mientras sujeta la correa al perchero que hay junto al espejo.

Me pone miándome hacía el, desnudándome con lentitud. Poco a poca me retira todas y cada una de las prendas y se sienta tras de mi.

Vuelve a tomar la correa y me guía hasta la cama; me pongo de rodillas ante ella mientras suelta la correa y apoyo mi cuerpo sobre la cama, los brazos estirados y llega el primer toque haciendo que un ronroneo escape de mi garganta al tiempo que recibo el segundo, luego uno mas, otro, mis manos estrujan la colcha, ni siquiera hemos destapado la cama, uno mas y para.

Yo espero tranquila y llegan las primeras gotas de cera, justo donde mi piel esta irritada y en ese momento todo mi cuerpo tiembla, mi vagina aprieta con fuerza las bolas deseando y añorando otra cosa.

Caen un par de gotas mas, disparando mi cabeza hacia arriba con un gemido voraz mientras vuelve a golpearme transportándome mas alto si cabe.

Cada vez estoy más húmeda, mas excitada, su dedo pasando por mi columna me vuelve loca.

Un toque, dos, tres, la cera salta y yo estoy a punto de volar, cuatro, cinco, seis, me clavo las uñas en las palmas de las manos, siete, ocho, nueve y mi cuerpo empieza a necesitar al hombre y lo sabe, por eso para.

Soy un temblor, no veo, no oigo, solo soy pasión, lujuria, locura.

Más cera cae sobre mi haciendo que me arqueé y grite de placer, de dolo de necesidad.

Es mi infierno, es mi paraíso, es mi vida.

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