sábado, 28 de febrero de 2009

¿QUE DESEO?


Deseo su voz suave en mi oído.
Deseo sus manos en mi cuerpo.
Deseo estar a su lado.
Deseo ser su deseo.
Deseo soñarlo.
Deseo saborearlo.
Deseo estar a sus pies.
Deseo desear siempre
y no volver a decir que no tengo deseos.

EL ADIOS



Lo miro desde la cama, esta dando vueltas por la habitación como un león enjaulado, no se que le pasa y se me encoje el corazón, ¿Qué pasara? sigue sin hablarme ni mirarme, no se si he cometido un error o simplemente no sabe como decirme que todo acabo.

Cierro los ojos con fuerza, contengo las lagrimas, no antes de tiempo, no hasta que este sola
nunca deberá ver mi debilidad.

Sigue dando vueltas por la habitación sin mirarme y lo termino de entender todo, llego el final y no sabe como decirlo. Lentamente me voy levantando de la cama, esa cama que guarda tantos secretos, tantas horas de dolor y placer.

Me siento en el borde y tomo las medias al cogerlas cae la fusta al suelo en un sonido sordo que me hace revivir el momento en que posada sobre mis manos y mis rodillas y como con movimientos acompasados como si compusiese una canción va golpeando rítmicamente mi culo y luego la planta de mis pies dejando su marca inconfundible en mi, a cada golpe que recibo mi alma se expande y vuela.

Lentamente me voy poniendo las medias y consigo que no me tiemblen las manos, mis gestos parecen tranquilos y seguros. Las he sujetado al liguero, sigue sin mirarme y yo mantengo la mascara mientras por dentro me voy rompiendo a pedazos, dejando cada uno ellos repartidos por los rincones de esta habitación.

Tengo ganas de vestirme deprisa y salir volando pero no, lo controlo, soy fuerte y este es mi último acto de dolor con él, me pongo el sujetador y miro la mesilla en el cajón esta la cuerda, adoraba sentirme atada con ella ¡como puedo expresarlo!, no tengo manera.

Tomo la camisa de la silla, mi cabeza esta levantada es la primera vez y me resulta extraño, me la pongo poco a poco y veo en un rincón en suelo una vela haciendo que asome una triste sonrisa a mis labios.

Vuelvo a mirarlo y esta de espaldas a mi, mirando por la ventana su espalda ancha y el pelo un poco mas largo de lo que lo solía llevar se riza en su nuca. Viste igual que siempre de negro pero ya no es el hombre de siempre, ya no le veo esa fuerza ni el poder, ahora solo es un hombre que mira por una ventana con las manos a la espalda jugueteando con los dedos en un gesto nervioso.

La falda esta en el sillón y me acerco descalza sin hacer ruido hasta ella, me la pongo despacio a la misma velocidad que me la quitaba para el.

Termino de ponerme los zapatos, fueron regalo suyo, cuando llegue a casa los tirare a la basura. Tomo el abrigo y mi bolso, sigue mirando por la ventana con la cabeza baja, como le gustaba que estuviese la mía cuando se ponía ante mi para darme una orden, y ahora es la mía la que esta alta y la suya baja.

Abro la puerta y vuelvo a mirar la habitación y a el por ultima vez, ya no veo al gran hombre, al gran Amo, sino la desilusión de quien no ha sabido decirme que ya no le intereso.

Cierro con suavidad, casi sin hacer ruido y salgo de su vida, el aire es frío en la calle y hace que caigan esas lagrimas que he sabido controlar, la calle es larga pero me lleva a mi futuro.

sábado, 21 de febrero de 2009

REFLEJOS





Aunque muchas veces mi Señor había grabado en video nuestras sesiones para luego disfrutarlas de nuevo tranquilamente en el sofá, nunca había sentido lo que esta noche cuando hemos puesto una cinta olvidada en un rincón.
Y ahora que la estamos viendo me pregunto, ¿Cómo hemos podido olvidarla? Estamos mirando la pantalla atentamente con la respiración agitada y de pronto vuelvo a verme en esa habitación, como si no hubiese transcurrido el tiempo.
Es rectangular, a un lado una gran cama de madera de castaño, maciza, pesada, intimidante por su tamaño y robustez. Tanto el pie como el cabecero están adornados con unas barras de hierro. Al otro lado de la habitación unas argollas cuelgan desde el techo mediante unas cadenas.
En un rincón apoyada a la pared hay una hermosa mesa labrada también de castaño y en cada extremo de ella un candelabro con doce brazos cada uno, es la única luz que ilumina la habitación, esas veinticuatro velas.
El suelo es de mármol negro, brilla tanto que veo mi reflejo en él. Las paredes están cubiertas por espejos, las cuatro, incluso las ventanas son de espejo.
Suelto lentamente el aire que retenía en los pulmones y levanto lentamente mi cabeza para mirar el techo que también esta cubierto por espejos, arqueo una ceja y oigo en mi oído su risa, suave y apagada.
Esperaba que me llevase a una mazmorra pero como siempre me sorprende.
Noto la punta de sus dedos acariciando mis hombros y bajando lentamente por mis brazos al tiempo que su respiración acaricia mi oreja.
Toma con suavidad mis muñecas, levantando mis brazos y atándolos a las argollas que cuelgan sobre mi cabeza, obligándome a ponerme de puntillas. Pasa su dedo por mi cuello bajando hasta el escote más que generoso de mi corpiño de látex.
Noto como mis pezones se empiezan a endurecer, y sin ninguna prisa me retira el corpiño liberando mis pechos ya deseosos de sus atenciones.
Su rostro ya es inexpresivo, se ha ido el hombre y ha llegado mi dueño.
Suelta mi falda que cae a mis pies y de una patada la envío a un rincón, no llevo nada mas puesto a excepción de las bolas chinas tal y como me indicaba en la nota que acompañaba a las tres rosas, una por cada una de nuestras citas.
Hago el gesto de descalzarme, pero me lo impide mediante un fuerte tirón de mi pelo. De reojo veo la escena en una de las paredes, le veo en su plenitud, su poder, su dominación.
Se aleja lentamente de mi hasta llegar a la mesa, donde toma una cuerda y vuelve hacia mi, la mirada dura, los labios apretados.
Noto como sus manos fuertes aprietan mis muñecas, para al instante notar las cuerdas, una, dos, tres vueltas y el nudo sin llegar a molestar pero impidiendo que pudiese separar mis manos, tensa la cuerda y la pasa por encima de mis codos, los rodea y hace un nudo, vuelve a tensar, ahora rodea mi cuello anudando la parte delantera con holgura, es la primera vez que disfruto viendo como trabaja sin perderme un solo detalle cada uno de sus movimientos es reflejado en los espejos.
Toma otra cuerda, y la une con un nuevo nudo, para dejarla caer hasta el suelo. Veo como realiza una sucesión de nudos partiendo desde la base de mi cuello hasta mas o menos cinco dedos por debajo de mi ombligo, distanciados irregularmente, sobre mis pechos, en su nacimiento, después en su base a la altura del estomago y el ultimo nudo a unos cinco dedos debajo de mi ombligo.
Da un paso hacía atrás y observa su trabajo, no sabría decir si esta satisfecho o no hasta el momento.
Vuelve a tomar la cuerda, noto que mis brazos se cansan de estar en alto al igual que mis pies por estar de puntillas, pero no digo nada y resisto.
Vuelvo a oír sus pisadas y ese silencio que hace que mi vagina se deshaga lentamente, en un goteo constante de deseo.
Un nuevo nudo en la parte posterior de mi cuello y la cuerda desciende por mi espalda provocando mil y una sensaciones… la toma y la lleva hacia mi costado izquierdo, pasándola por encima de mis pechos volviendo hacia la espalda, noto la presión y como la cuerda resbala por mi piel y como la tensa anudándola en mi espalda, la otra cuerda va hacia el otro costado y la noto abrirse, tirar en el nacimiento de los pechos y retirarla de nuevo hacia atrás.
Así una y otra vez, va abriendo los nudos que ha ido haciendo, formando rombos que aprisionan las diferentes partes de mi cuerpo, llenándolo de infinitos deseos.
Noto como me aprieta y evita que mis pulmones se llenen completamente de aire, así que mi respiración se vuelve más corta y rápida. No demasiado ya que oxigenaría en exceso y me podría marear y quiero estar bien atenta, me encanta verlo trabajar.
El último, rodea mi vientre dejando el ombligo en su centro y noto como desciende la cuerda entre mis piernas, pasándola por entre mis labios y anudándola, noto la presión del nudo sobre el clítoris y como tira hacia abajo, pasando por entre mis nalgas hacia arriba, tensándola muy fuerte y atando en mi espalda. Se aleja…
Empiezo a ser aun mas consciente de que la presión ejercida por las cuerdas en mi cuerpo, hace que este aun mas despierto y que ese ultimo nudo realizado sobre el clítoris sea uno de mis favoritos.
Oigo sus pisadas, volviendo a mi para pasar una cuerda entre mis tobillos, primero el izquierdo una, dos, tres vueltas, para luego anudarlo al derecho e ir subiendo por encima de mis rodillas, tensando el nudo y seguir ascendiendo hasta la base de mis nalgas, sigo de puntillas y estoy cansada pero la obra merece la pena, anuda y empieza a bajar por la parte posterior anudando en la delantera, deshaciendo el camino andado, peo esta vez afianzándolo para terminar anudando mis tobillos de nuevo.
Ha terminado y se retira a un rincón, hay poca luz y no le veo pero mire donde mire ahí estoy yo, mis brazos en alto, mostrando la maravillosa obra que ha hecho sobre mi cuerpo, luciendo mis curvas. Miro al techo y mi vista va directa a mis pezones que están duros, rosados, rogando atención.
El silencio se rompe….. – ahora estas preparada.

domingo, 1 de febrero de 2009

Ayer, hoy … todo


Recuerdo que al principio odiaba quedar en un hotel, una parte de mi no lo aceptaba, pero ahora en nuestro primer aniversario ya no me importa, porque desde la primera vez siempre hemos reservado la misma habitación es como volver a casa.

Se que el noto mi incomodidad aquel día, las manos temblorosas. nunca había hecho nada parecido y eso se podía oler, un olor fuerte, como el miedo, pero en ningún momento sentí miedo.

Hoy entro en el hotel con paso decidido, esta vez las mariposas que siento en mi estomago son completamente distintas a entonces.

Ese día la emoción, hoy es entrega.

Despacio me acerco a la cafetería se que le gusta verme ir hacía él, con paso tranquilo y con un suave balanceo haciendo que las cabezas se giren a mirarme, que me sigan con ojos codiciosos.

Llego hasta donde el esta, tengo la mirada baja y me arrodillo ante él, y espero, sin prisa ni vergüenza, no me importa que miren, que murmuren yo estoy donde debo estar, a sus pies.

Con suavidad acaricia mi rostro bajando la mano por mi cuello para acariciar el collar que hoy hace un año me puso, y entonces oigo el susurro en mi oído, - “ te eche de menos mi perra”- , suave con voz profunda llenándome de gozo. Toma mi mano y me ayuda a levantarme. Me siento a su lado, y sonrío, su dedo acaricia mi sonrisa.

Engancha la correa a mi collar y con un suave tirón me da la orden de levantarme, obedezco al instante y nos dirigimos con calma hacia el ascensor.
Las cabezas se giran a mirarnos y se oyen los susurros, no nos importan nosotros ya no estamos aquí, vamos camino de nuestro pequeño Edén.

Una vez en el ascensor aprieta el dos mientras su otra mano sube por debajo de mi falda acariciando la media e introduciendo un dedo en mi, noto su sonrisa mientras me besa, su dedo juega con las bolas chinas.

El viaje es corto y el placer tanto… enseguida se abren las puertas del ascensor y nos dirigimos a nuestro hogar.

Al entrar en la habitación deja con suavidad su bolsa, tira de mi correa acercándome a usted, sus labios recorren mi cuello mientras sujeta la correa al perchero que hay junto al espejo.

Me pone miándome hacía el, desnudándome con lentitud. Poco a poca me retira todas y cada una de las prendas y se sienta tras de mi.

Vuelve a tomar la correa y me guía hasta la cama; me pongo de rodillas ante ella mientras suelta la correa y apoyo mi cuerpo sobre la cama, los brazos estirados y llega el primer toque haciendo que un ronroneo escape de mi garganta al tiempo que recibo el segundo, luego uno mas, otro, mis manos estrujan la colcha, ni siquiera hemos destapado la cama, uno mas y para.

Yo espero tranquila y llegan las primeras gotas de cera, justo donde mi piel esta irritada y en ese momento todo mi cuerpo tiembla, mi vagina aprieta con fuerza las bolas deseando y añorando otra cosa.

Caen un par de gotas mas, disparando mi cabeza hacia arriba con un gemido voraz mientras vuelve a golpearme transportándome mas alto si cabe.

Cada vez estoy más húmeda, mas excitada, su dedo pasando por mi columna me vuelve loca.

Un toque, dos, tres, la cera salta y yo estoy a punto de volar, cuatro, cinco, seis, me clavo las uñas en las palmas de las manos, siete, ocho, nueve y mi cuerpo empieza a necesitar al hombre y lo sabe, por eso para.

Soy un temblor, no veo, no oigo, solo soy pasión, lujuria, locura.

Más cera cae sobre mi haciendo que me arqueé y grite de placer, de dolo de necesidad.

Es mi infierno, es mi paraíso, es mi vida.
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