martes, 24 de marzo de 2009

aportación de Wright


Con todo mi amor

Como cada día, ella ya sabía el ritual. Se desnudaba, se colocaba el collar, los brazaletes de cuero, y se ponía a mis pies. Me gustaba sentir ese deseo de ser sometida, esperando a que le diera la primera órden, recibir esa humillación que la hiciera sentirse viva, sentir eso que le daba cada vez que nos veíamos. Este fin de semana no hubo demasiado preámbulo.

Nos veíamos de Viernes a Domingo, como una pareja de lo más tradicional, la recogía de su casa, tomábamos algo, nos contábamos nuestras impresiones de la semana, el viaje de vuelta, descargábamos nuestras frustraciones con la palabra. Al llegar a mi casa, descargábamos nuestros deseos con los hechos.

En pocos minutos ella estaba inmovilizada con los brazos a la espalda, con una cuerda que iba desde la argolla que unía sus muñecas, pasando por la argolla de su collar, y terminando en la mano que la dirigía con la firme dulzura del amo encantado con su sumisa hacia la cama donde disfrutaríamos.

El pelo estaba recogido, no quería tener nada que perturbase mi labor, que me impidiese ver su rostro, su cuerpo, su sensual forma de retorcerse con cada azote, cada gota de cera, cada pinza...

Los pezones los tenía erguidos, buscando ser apretados por su amo. Me encanta sentir esa sensación de deseo hacia el dolor infringuido, me hace sentir necesario, deseado, amado hasta las últimas consecuencias, esperando que, por unos minutos, horas, días, mi voluntad sea la suya, y su deseo el satisfacerme, el darme placer, porque ese será el suyo. Notaba sus escalofríos mientras la ordenaba arrodillarse sobre la cama, como otras veces.

Ya no hacía falta decir gran cosa. En realidad, el diálogo era escaso, cada uno conocía su cometido, y sabía, por mi cara, como buena sumisa que era, que debía arrodillarse con las piernas separadas, paralelas a los bordes de la cama, para poder sujetarlas a cada lado, por los tobillos y las rodillas.

Sin tirón, pero con fuerza, sin compasión, tiré de la cuerda que me servía de correa para llevarla a mi terreno, como una mascota, de forma que los brazos se separaron del cuerpo, eso le hizo humillar la cabeza, estirada hacia atrás, por su paso por el collar, con la barbilla pegada a la cama, y por último, el cabo de la cuerda atado al cabecero metálico.

Allí la tenía, con su culo mirando al techo los pechos al suelo, la mirada al frente. No se movía lo más mínimo, solamente veía el giro de sus ojos, cuando observaba cómo sujetaba el cinturón, me lo enrollaba a mi mano, dejando una parte para darle ese placer inmenso de los azotes. Antes de eso, le puse la mordaza, para ahogar sus expresiones de dolor.

Un sonido salió de su garganta cuando le puse la bola en la boca, cuando la apreté para introducirla bien para sujetar su lengua, para impedirle tragar la saliva que seguro iba a producirle aquella educación que estaba a punto de recibir. y como una buena alumna, deseosa estaba de recibir aquella clase magistral. Lucía ya dos pinzas, una en cada pezón, que le coloqué después de acariciarle los pechos, avisándole con el gesto de que iba a tener la primera muestra de dolor.

Con cariño, con dominación. El primer azote sonó. Su poca posibilidad de movimiento, se manifestó hacia delante. Otro, otro, otro más. Con cuidado de que fueran precisos, con la parte exacta del cinturón, en el lugar adecuado de su cuerpo. Cualquier fallo, le quitaría magia al momento, la responsabilidad del amo a veces es grande, la sumisa se debe limitar a obedecer, adelantarse a los deseos de su amo, y disfrutar, si así le es permitido.

A mi sumisa si le estaba permitido, siempre lo estaba con cada sumisa, entendía que sin intercambio de placer, no hay emociones entre dos personas, y emociones eran lo que estábamos sintiendo ambos, mientras su cuerpo se iba tiñendo hacia un color rosado, enrojecido, por los azotes que merecidamente y voluntariamente estaba recibiendo.

El azote diò paso a la vela. Entre una y otra cosa, me ausenté de la habitación. Esa vela se quedó introducida en su ano, esperando a ser encendida poco después, cuando entendiese que debía volver con ella. Quería crear una ansiedad en ella, por eso, sin mediar palabra, salí, y apagué mi deseo de continuar fumando un cigarro en el salón.

No sé quien deseaba más mi vuelta, pero su excitación subía por momentos en la espera de no saber cuánto tiempo estaría allí, inmóvil, en esa antinatural postura, con la obligación de que esa vela no cayera, sin saber si serían minutos o días los que estaría sometida a mi decisión.

Cuando estimé oportuno, entré en la habitación, sin hacer ruido, iba descalzo, al contrario que ella, que solamente llevaba esos zapatos de tacón alto que tanto me gustaban. Encendí la vela, la saqué de su cuerpo, y sentí su respiración aumentar cuando las gotas empezaron a caer sobre ella. Cada gota era una fiesta, hasta que su cuerpo tuvo tantas manchas negras que costaba encontrar un sitio donde darle el placer del calor.

Hicimos el amor, el amor entre un amo y una sumisa.

domingo, 22 de marzo de 2009

Me gusta... de laberinto




ME GUSTA



Me gusta pensar en tu cara,
mis labios sobre tus labios
darle sabor a tu aliento
e intentar descifrar esa lengua
de vicios ocultos tras tus palabras.
Me gusta saberte dueña y esclava
invencible amazona en el monte
yegua que atiende en el valle
al lenguaje de la espuela,
dos en una, una en dos
juez y parte en el dilema.
Me gusta pensarte etérea
en la almohada de mis brazos abandonada
oírte decir hasta el infinito te quiero,
te quiero, te quiero, te quiero
hasta perder el número de veces
que tu aliento choca contra mi cara.
Me gusta saber que me extrañas,
que el tiempo es un puñal que me mata,
que el espacio es un sitio vacío,
el mundo un vaivén de palabras,
la gente esas sombras que pasan,
tu amor un invento temible
y yo una probeta callada
que alumbra el despertar de una llama.
Me gusta saber que aunque lejos existes,
que aunque ausente
está fija tu imagen en mi mirada,
que aunque tal vez sin remedio
quedemos tu allí y yo aquí
separados por una ancha muralla,
sabemos (porque lo sabemos)
que siempre habrá un lugar para los dos
en algún rincón de tu casa.

Cualquier instante... de laberinto


CUALQUIER INSTANTE


En algún lugar, una mujer
será lágrima para mis ojos
sonrisa para mi boca
corazón para mis latidos
voz para mis silencios
oasis para mis delirios.
La dibujaré a mi antojo
hermosa como el pecado
ingeniosa como el hambre
delicada como un sueño
estrella de mi mañana
sol para mi noche.
En cualquier instante, una mujer
dispuesta a sustituirme
a ser aquello que no pude ser
a ser sombra de mi sombra,
geografía de mis sentimientos,
frontera que jamás se cierra.
Esa mujer y yo
seres hechos de alivio,
de lágrimas para los ojos,
de sonrisas para las bocas,
de corazón para los latidos,
de voz para los silencios,
de oasis para los delirios.
Esa mujer, en algún lugar.
mujer, en cualquier instante

Poema de laberinto


Te regalé mis brazos
para que te cobijaras en ellos,
te regalé mis ojos
para que vieras el firmamento,
te regalé mis labios
para que ahuyentaras tus miedos,
te regalé mi sexo
para que saciaras tus deseos,
te regalé mis poemas
para que conocieras tus sueños,
te regalé mi voz
para que escucharas el viento,
te regalé mis ideas
para que siguieras creciendo,
te regalé mis cuadros
para que te escondieras dentro,
te regalé mis palabras
para que hicieras versos,
te regalé mis sueños
para que huyeras del tiempo,
y te regalé una canción
para bailarla muy lento.

viernes, 20 de marzo de 2009

En blanco




Llevo unos dias mirando un folio en blanco, me paso horas delante de él, con la mente tan en blanco como el folio, ni tan siquiera una mancha rompe esa pureza igual que mi mente.

No recuerdo un solo día en mi vida que no haya estado "maquinando" algo, soy inquieta y necesito tener las manos y la mente ocupada.

Siempre lo he tendio y ahora nada... solo tengo la nada y no se que hacer con ella, como llevarla y lo que es peor... ¡como superarla!

No consigo que ninguna idea acuda a mi, saque los lienzos y oleos y en un rincon los he dejado... seguia quedandome parada delante de la "hoja en blanco".
En otro intento recupere la guitarra, una maravillosa guitarra hecha a mano por Bernd Martin, un Luthier de Granada, me gusta mirarla y aun mas el sonido que sale de ella, pero ninguna melodia acudia a mi mente, y entre las partituras recupere Lagrima de Tarrega y eso me ha hecho pensar... ¿me he quedado vacia?, justamente ¿solo me atrae esta?

No se si me queda algo dentro o ya lo he consumido todo, solo se que hoy por fin el folio ya no esta tan en blanco, tal vez solo necesitaba divargar un rato en voz alta o simplemente no pensar nada por una vez en la vida...

Y ahora acude a mi mente "Capricho Arabe" y sonrio, ya se que plasmar en el lienzo, tal vez amigo mio algun dia te lo muestre y nos sentemos con una buena copa de vino mientras dejo que de mi guitarra salgan las notas de "sueño".


lunes, 9 de marzo de 2009

LA MAZMORRA



Cuando mi Señor y yo visitamos el viejo palacio no esperábamos encontrar un diamante en bruto, necesitaba mucha obra pero era perfecto para nuestros planes, era una casa que en su tiempo debió de ser muy hermosa y lo mejor de todo era el sótano, una gran sala con doce celdas, la sala había sido utilizada durante la inquisición como sala de interrogatorios, es decir para torturar y estaba esplendorosamente equipada, todo necesitaba restaurarse pero con tiempo y dinero no había problema y nosotros teníamos las dos cosas.

Después de dos años de trabajo por fin nuestro palacio estaba terminado, solo nos faltaba llenarlo y el primer envío nos llegaba al día siguiente, estábamos nerviosos y emocionados, nuestro sueño estaba adquiriendo forma y teníamos trabajo por delante.

Cada celda había sido acondicionada con un catre, una silla, mesa, lavabo y wc, la ducha estaba en un rincón en la sala principal, junto con la cruz de San Andrés, una mesa de tortura que nos costo un poco restaurar debido a su mal estado, la rueda, y los grilletes sujetos a las paredes. En el centro una enorme mesa de comedor con 14 sillas, de momento solo se ocuparían 3 pero sabíamos que poco a poco iríamos teniendo la mesa completa.

Mi Señor me mira y sonríe, a la mañana siguiente tendríamos por fin a la primera de nuestras niñas, pero esta noche es nuestra y decidimos estrenar adecuadamente nuestro salón preferido de nuestra nueva casa.

Me dirijo con suavidad hacia el potro de tortura, solo llevo puesto unos tacones de 12 cm y los colgantes de pezones estos son distintos ya que tienen mis pezones atravesados no enganchados y la cadena se une al piercing de mi clítoris. Me situó en él y mi Señor me sujeta con los grilletes las muñecas y los tobillos, se quita la camisa y admiro su amplio pecho que me encanta lamer.

Se acerca a la rueda y da un giro…. mis brazos y piernas se estiran y suspiro. Me deja así un momento mientras va a por una vela, es gruesa de tres mechas y la enciende dejando que la primera gota que se forme sea generosa y la noto sobre mi pezón izquierdo, todo calor, fuego, quemazón, me muerdo el labio inferior de dolor y placer.

Deja un momento la vela y da otro cuarto de vuelta a la rueda, mi cuerpo se estira un poco mas y seguidamente cae otra gota de cera en mi pezón derecho esta es aun mas generosa y el dolor es mayor, lo mismo que el placer.

Vuelve a dejar la vela para dar otro cuarto de vuelta a la rueda, un grito escapa de mi garganta y me mira con severidad, toma la vela e inunda mi clítoris.

Noto como poco a poco se va formando el orgasmo, solo necesito un toque de mi dueño para volar, explotar y alcanzar el paraíso.

Su sonrisa me muestra que me lo va a dar, y así es cuando tira de la cadena que tiene enganchados mis pezones y clítoris y da un tiron, noto el dolor y en ese preciso momento estallo en el placer.

Mi Señor me vuelve a llevar al cielo, y mañana por fin llega nuestra primera ninfa.

continuara……..

viernes, 6 de marzo de 2009

Oriente... occidente


Me ha dicho que hoy haremos un juego nuevo, que debo acudir a nuestra cita sin maquillar, el pelo peinado en un moño alto, desnuda bajo la gabardina, las uñas de las manos y los pies sin pintar. Me quedo extrañada mientras leo por tercera vez el mail, siempre me ha exigido salir perfecta, pero obedezco como siempre.

Llego puntual al apartamento y abro con mi llave, hay música suave y velas, no enciendo ninguna luz, dejo el bolso sobre la mesa y me dirijo a la terraza.

Me esta esperando y junto a él hay una mujer oriental de rostro sereno y piel inmaculada, no sabría especificar que edad tiene, lleva puesto un hermoso qipao verde y plata, el bordado sobre la seda es impresionante una obra de arte. Sobre una silla hay un Hanfu, este es rojo y oro, los colores imperiales y si cabe es aun mas hermoso, en la manga derecha lleva bordado en oro un magnifico dragón, la dama se levanta y lo toma en sus manos mostrándome la belleza del traje, en la izquierda esta bordado también en oro un fénix chino, forman el ying y el yang. todo el borde del Hanfu esta bordado con el mismo motivo que las mangas.

Oigo unos pasos tras de mi y me doy la vuelta, se acerca un hombre enorme, casi dos metros y al mirarlo pienso… si en lugar del traje confeccionado a medida llevases unas pieles y un gran mazo estaría en presencia de Thor.

Mi Señor me los presenta, son su amigo Thierry y su sumisa kumiko (niña de eterna belleza) sonrío cuando oigo su nombre es de lo mas acertado, me entrega una copa de cava Catellroig, me siento en el cojín a los pies de mi Señor bebiendo despacio y esperando.

Apoya su mano en mi hombro, baja su cabeza hasta mi oido y me dice – “cuando termines tu copa, te levantas y te quitas la gabardina, kumiko te prepara para mi”-.

Thierry aparta la mesa que hay en el centro, es pesada pero la levanta como si fuese de cartón, en su lugar pone una silla. Termino mi copa de golpe, me pongo en pie y dejo caer la gabardina a mis pies.

Tomo asiento, espero, Thierry se acerca y me quita las sandalias con suavidad, toma un frasco que le tiende kumiko de esmalte de uñas rojo y con sumo cuidado empieza a pintarme las uñas de los pies, lento y suave, pero firme y seguro va poco a poco maquillándolas. Noto las caricias de sus dedos en los míos, me voy humedeciendo poco a poco. Termina la primera parte de su trabajo y lo mira satisfecho, se levanta y me tiende la mano entregándole yo la mía al instante. Me ayuda a levantarme, tomando el asiento en la silla.

Hace que me siente en el suelo con las piernas abiertas y estiradas y empieza a pintar del mismo modo las uñas de las manos, la mano que sujeta la mía acaricia constantemente mi muñeca al tiempo que una sonrisa picara ilumina su cara.

Miro hacia atrás, mi Señor tiene sentada sobre su regazo a kumiko y le acaricia suavemente el brazo.

Thierry fina liza su trabajo y me ayuda a levantarme, retira la silla y me deja en medio de la terraza, se dirige a su sillón y kumiko acude veloz a el.

Estoy de pie frente a los tres con la mirada baja, desnuda, espero.

kumiko viene hasta mi, despacio, elegante casi etérea, lleva una preciosa caja lacada, en la tapa se ven unas grullas entre lotos, es preciosa y parece muy antigua, la deja a sus pies, lentamente la abre apareciendo un pequeño plumero y un botecito, lo reconozco al instante, el bote contiene polvo de miel.

Con ligereza toma el plumero y el bote una vez abierto y con extremada suavidad empieza a aplicarme el polvo de miel por la cara, noto la caricia de las plumas y la respiración de kumiko en mi cuerpo. Sigue su trabajo lentamente, bajando por mi cuello, acariciando mi pecho, mis pezones, despertando sensaciones, noto como la lengua de kumiko baja suavemente por mi cuello, el mismo camina que hace un momento ha realizado el plumero, mis pechos y toma con suavidad un pezón en su boca, succionando, saboreando la miel, su lengua sigue con suavidad hacia el otro pezón, acariciándolo con la punta de la lengua. Alza la cabeza y me mira, yo me pierdo en la oscuridad de sus ojos.

Mi Señor la llama, le entrega una caja de terciopelo negro, que toma entre sus manos y me la trae. La abro con cuidado y en su interior veo las preciosas joyas, unos maravillosos colgantes de pecho en platino y en su final dos hermosas lágrimas de un zafiro con el mismo tono que sus ojos. Le miro y una dulce sonrisa asoma a sus labios haciendo que mi corazón estalle de alegría.

Se levanta del sillón y viene a mí tomando las joyas de la caja, acaricia mi pezón antes de ponerme la primera, para la segunda aprieta con fuerza el pezón enviando un latigazo de dolor y placer. Me besa la frente y vuelve a sentarse, dejando que kumiko pueda seguir con su labor.

Lentamente sigue aplicándome mas polvo de miel por el vientre, el ombligo, bajando con suavidad hasta el monte de Venus, con un ligero toque del dedo me hace abrir las piernas para aplicar también en mi clítoris, vuelve a mirarme, veo aun mas oscuridad y otra vez noto su lengua descender con suavidad por mi vientre, jugar en mi ombligo, lamer mi monte de Venus, bajando sin apartar sus ojos de los míos hasta mi clítoris e introduciéndolo en su boca para succionarlo. Una corriente eléctrica me golpea, el placer me invade.

Se pone detrás de mí acariciándome la espalda con el plumero, dejando la piel aterciopelada por el polvo de miel, baja lentamente por mi columna y sigue en mis glúteos. Su lengua recorre toda mi espina dorsal, enviando más ondas de placer.

Los ojos de mi Dueño brillan, los de su amigo son voraces. No se si es por mi, por la bella kumiko o por la escena de representamos.

Sigue con suavidad por mis piernas, poco a poco haciendo la escena aun mas excitante. Sus dedos acarician con suavidad la parte trasera de mi rodilla, controlo un temblor de placer.

Empieza a vestirme, primero la blusa hasta los pies, sujeta por unos finos tirantes y de corte recto en el pecho, lleva el bordado, encima el kimono fijado a la cintura por medio del fajín, maquilla mi rostro sutilmente, mira a su Dueño quien asiente con la cabeza.

Adorna mi pelo con dos agujas, despacio y con delicadeza me entrega a mi Señor.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...