sábado, 12 de noviembre de 2011

Desde mi deseo




Quiero que me dejes descubrirte
que mis manos exploren tu cuerpo
descubrirte lentamente
tu calor, tu sabor
Quiero dibujar pasión con mis dedos
mientras me pierdo en tu mirada
en el mar de tus ojos
Déjame amarte hoy
que te reclame la mujer
para que ella también pueda saciar su sed de ti

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viernes, 14 de octubre de 2011

Cuerpo vacio


Mi cuerpo lleva tiempo vacío
sin que tus manos lo rocen
dentro de un torbellino
sin que el deseo sea satisfecho
Ansío tus manos dibujando mi figura
elevando mi carne palpitante a placeres desconocidos
Necesito volver a abrirme cual flor lujuriosa
a tu pasión
dejando que todos mis sentidos giman y suspiren
y gritar salvaje que soy tu posesión

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viernes, 23 de septiembre de 2011

mujer, sumisa... sumisa, mujer



Desprendes poder desde la humildad de tu sitio
mujer, sumisa
Tu mirada  baja, entregada
desprende lentamente, suavemente
sumisa, mujer
todo un vendaval de fuerza
fuerza que entregas libremente
sumisa, mujer
para sentirte esclava
libre atada con cadenas
libre sin voluntad propia
mujer, sumisa
sumisa, mujer
Una, dos o ninguna
tu fuerza es de él, la de él es la tuya

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lunes, 1 de agosto de 2011

Gatita


Ando terminando de preparar la maleta del Dueño, se marcha casi un mes fuera por trabajo y yo ando cabizbaja y triste, la soledad ya me abraza.
Oigo la puerta, ya esta aquí y se va a ir enseguida. Me acerco con paso lento y veo su enorme sonrisa, esa sonrisa que solo asoma después de una tarde de juegos, juegos muy duros y al mismo tiempo muy placenteros. No entiendo por que esta tan feliz, ¿tendrá ganas de perderme de vista? y entonces la veo a sus pies, de piel suave mirada esmeralda.
- Ven pequeña, tengo una cosa para ti, para que estés distraída en mi ausencia – dice al tiempo que me entrega la correa que lleva en la mano. Lo miro sorprendida y él ríe con gusto. – En cada uno de estos sobres esta las instrucciones de lo que debes hacer cada semana con tu gatita- me la quedo mirando, es hermosa y jugosa.
Distraída tan apenas noto el beso del Dueño y solo el golpe de la puerta me saca de ninguna parte para llevarme a mirarla.
Ella sigue allí, con la cabeza baja y callada, esperando y yo la miro esperando, su piel es blanca, totalmente uniforme, sin ninguna marca de bronceado, el pelo es oscuro, casi negro y esos ojos verdes que he visto antes y que ahora dudo si son realmente de ese color porque al mirarme parecen una tormenta gris.
Dejo caer la correo y me dirijo al sofá, ella me sigue andando a cuatro patas, como una gata, como mi gatita. Me siento en el sofá y ella sube a mi regazo, ambas estamos desnudas y su lengua juguetea con mi pezón al tiempo que abro el sobre marcado con la primera semana.
"Pequeña:
Se que las separaciones te resultan duras por este motivo te he regalado esta gatita, para que te acompañe durante el día y las largas noches, para que te proporcione placer y te ayude a descubrir ese nuevo latir en ti.
Durante esta primera semana aprenderás a conocer su cuerpo, donde tocar para enloquecerla, donde golpear y como para oírla gemir.
Cada noche cuando te llame me relataras como ha ido el día y cuantos orgasmos te ha proporcionado y cada mañana me contaras la noche y cuantas veces te ha suplicado más.
Disfruta tu juguete, disfruta tu primera semana."
Vuelvo a leer la carta, esta vez mas consciente de su boca en mi pezón, por lo visto ella ya sabia que durante el día debía procurarme placer, así que me tumbo en el sofá situándola entre mis piernas y la guio hasta mi clítoris mientras leo de nuevo, no una ni dos si no diez veces la carta notando como la humedad de su boca y mi vagina se mezclan, como su lengua juguetea bribona conmigo y me dejo llevar mientras le acaricio la espalda.
Hemos terminado de cenar y la conversación ha sido amena y me gusta lo que voy descubriendo de ella. Es la tercera sumisa de un Dominante conocido del Dueño y este se la ha prestado durante el tiempo que este ausente para que yo no me sienta tan sola. No parece importarle la cesión si no mas bien al contrario, se la ve satisfecha y relajada.
El teléfono suena estando viendo una película con palomitas y un refresco y manos juguetonas por ambas partes. - ¿Has disfrutado pequeña? – Si, mi Dueño, mucho. Me gusta su compañía - ¿Qué estáis haciendo? – Estamos viendo una película y comiendo palomitas – Pon el altavoz - Apagad el televisor y a la cama, debes atar a la gata como si estuviese en la cruz pero las piernas un poco dobladas para que tu puedas estar cómoda entre ellas. Le introduces un dildo en el culo y un huevo en el coño a la máxima vibración, tomaras tres pinzas y le pinzaras los labios vaginales y la lengua e iras vertiendo cera desde muy cerca tanto en el clítoris como en la lengua, la cera del clítoris se la retiraras tu con tu lengua y la de su lengua la retirara lamiendo tu clítoris. Tu debes correrte tres veces y ella ninguna. Volveré a llamar en una hora- Cuelga el teléfono sin más comentario.
Obedecemos al instante y empiezo a atarla a los postes de la cama, entre risas y jugueteos, y besos fugaces, me gustan sus labios y el sabor de su boca
Según voy cumpliendo las órdenes del Dueño estoy más excitada, mi coño húmedo mi boca hambrienta deseando saber que sabor tiene. Pinzo lengua y labios vaginales y enciendo la vela cuando me doy cuenta que he olvidado tanto el dildo como el huevo. El huevo entra con tan solo un liguero toque de lo mojada que esta, va a ser duro para la gatita no correrse esta excitada desde que llego a casa, aprovecho sus jugos para lubricar el ano y meter el dildo con facilidad haciendo que emita el más dulce de los gemidos.
Ahora si esta todo listo y empieza el juego, lo empiezo con verdadera gula deseando probarla, lamerla y ser lamida.
La cera va cayendo y sus suspiros de placer me encienden mas, así que golosa a la cuarta gota bajo a limpiar su clítoris de cera, a limpiarla bien de ella misma saboreando su esencia, picante y dulce. Los ojos han cambiado de nuevo al gris, esta muy excitada, dejo caer cuatro gotas más y las vuelvo a limpiar. La miro y  me sonríe, dejo caer cuatro gotas sobre su lengua y le acerco mi clítoris, al tiempo que su lengua lo toca de mi garganta sale un grito de placer. –Solo faltan dos Ama- me dice con voz suave. Me quedo paralizada mirándola, no soy su Ama ¿o si?, olvido el comentario y decido poner cera en sus dedos y luego le acerco mi coño para que los limpie al tiempo que cae mas en su clítoris y mi lengua lo limpia, con ese juego llego al segundo.
Estoy exhausta pero falta uno y debo obedecer y lo que es más, deseo disfrutar otro orgasmo mas con mi gatita, mi hermosa gata.
Me coloco sobre su lengua y la dejo trabajar, es maravillosa y me lleva de nuevo a un exquisito placer. Ella ha cumplido, no ha tenido ningún orgasmo aunque esta hambrienta. Falta poco para que el Dueño llame.
Nos despierta el teléfono, hemos dormido tan apenas unos minutos aunque al principio pensé que eran horas. – ¿Has disfrutado? – mucho, muchísimo y se oye su risa divertida al otro lado – Me alegro, ¿y ella? – ha cumplido la orden y me preguntaba si…. – Desátala y hazla gozar… ¿porque queremos que se quede hasta mi vuelta verdad?, reímos divertidos y me despido hasta mañana.
Me acerco para desatarla y me dice que no, que le gustaría seguir atada, llegar al orgasmo atada y así pasamos la noche, ella atada y gozando las dos.

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viernes, 15 de julio de 2011

Postrada



De nuevo postrada a tus pies
contengo mis ansias de besarlos
observo como me miras.

Con palabras firmes
dulces a mi oído
te haces Dueño del momento

Y yo ahogándome en un mar de deseo
esperando cualquier breve orden
con mis manos extendidas
acaricio tan apenas tu piel

Sigo esperando tus palabras
tus manos sobre mi
sigo postrada a tus pies
esperando tus deseos.

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miércoles, 6 de julio de 2011

Hambre

Mi hambre de ti
hace que camine desnuda y descalza
con mis anhelos en el rostro
al tiempo que trato de no soñar

He intentado controlar mi imaginación
que me lleva una y otra vez a un orgasmo imaginario
haciéndome llorar y decir ya no más
pero una y otra vez caigo en el negro pozo
hambrienta de ti

Ya no cabe lucha,
los demonios de mi cabeza han callado
mi esencia lo envuelve todo
te amo, me amo
soy tuya y ya nada mas importa.

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domingo, 26 de junio de 2011

Déjame


Déjame liberar mi ser
que tu calor me queme lentamente
hasta hacerme gritar.

Déjame untar mi piel con tu fragancia
tu sabor explotando en mi boca
después de haberte recorrido con mi aliento

Déjame llenarme de ti
para no añorar tu voz
tus besos
tus manos
tu aroma

Déjame mi Dueño
alimenta mi entrega
roba mi mente
Déjame ser tuya.

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martes, 14 de junio de 2011

Dulce invitada



Cuando me he despertado, tenía un cuerpo caliente a mi lado pero sin necesidad de abrir los ojos sabia que no eras tú.

Tu estabas sentado en el sillón, desnudo tan solo con tus muñequeras de cuero con una sonrisa medio torcida en tu boca, erecto y una sonrisa enigmática en la boca.

Ha sido una noche absolutamente sexual, no querías juegos tan solo sexo, nos has tenido a las dos derrotadas. La habitación huele a puro sexo pero noto como el aroma en tu cuerpo va cambiando, poco a poco es otro hambre la que se apodera de ti.

Con cuidado vuelvo a nuestra compañera de cama, la ato al cabezal y pie de esta con los brazos y piernas abiertos, su preciosas nalgas listas para ser azotadas.

La despierto lentamente, mi lengua acaricia su clítoris, ronronea e intenta girarse pero no puede y abre los ojos. Recibe en ese momento el primer azote, grita y esperas su reacción mientras mi lengua sigue con su trabajo. Ronronea y te dice con voz dormida que puedes seguir.

Le azotas tres veces más y vas a por la fusta que pones en mis manos y me dices que debo golpearle cinco veces, deben ser golpes secos ya que deseas ver bien clara la marca de la fusta sobre su piel. Cumplo con tus deseos, ella se retuerce entre dolor y excitación. Cada vez estoy mas excitada, te necesito dentro de mi, necesito tus atenciones. Pero se que hoy no me lo darás se que hoy es otro placer el que deseas.

Haces que me tumbe al lado de ella, la sueltas y me atas ahora a mí, mirando hacia arriba y empiezo a notar la cera sobre mi cuerpo, empieza por el dedo gordo de mi pie y lentamente va subiendo, calentándolo todo. Mis pezones han sido pinzados y nuestra invitada esta jugueteando con su lengua con ellos, según como mueve su lengua llega alguna punzada de dolor que lo único que consigue es que me excite mucho más haciendo que mi cuerpo se arquee buscando alivio y no encontrando mas que una dulce agonía que consigue excitarme mucho más.

Mi cuerpo esta lleno de cera de colores, formando un loco dibujo o tal vez es mi loca mente incapaz de enfocar la forma. Marchas a la ducha dejándome así, atada, hambrienta, ardiendo pero eres benévolo y le dices a nuestra invitada que me proporcione placer.

Tan pronto sus labios tocan mi clítoris estallo en un grito, olvide pedir permiso, olvide que existía. Ahora vendrá el castigo, dulce castigo de tus manos…

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miércoles, 1 de junio de 2011

Flores...



Le gusta verme con las piernas y los brazos extendidos, le gusta oír mis gemidos entremezclados los de placer con los de dolor y hoy no esta siendo distinto.

He llegado tarde, me han entretenido demasiado tiempo en la floristeria había una chica nueva ya que Elisa dio a luz el pasado jueves, tengo que mandarle un regalo para la pequeña. Así que me he encontrado con que mi corona de margaritas no estaba preparada y la muchacha no sabia nada del tema.

" Con mucha paciencia le he ido explicando lo que quería que me hiciese al tiempo que notaba como los minutos iban pasando y me iban a costar muy caro. Cuando termine de darle toda la explicación me miraba una cara horrorizada, pensé que se iba a poner a gritar sin embargo detecte en su pupila un ligero brillo ¿sería deseo?

Para adelantar decidí ayudarla Elisa más de una vez me había explicado como se hacía, entre besos robados y roces había confeccionado alguna.

Me puse detrás de ella, apoyando mis pechos en su espalda y mi pelvis en su culo, respiraba con suavidad sobre su oreja, veía el temblor de sus manos y el silencio de su boca me decía que era deseo así que decidí jugar y disfrutar, si de todos modos iba a ser castigada por llegar tarde al menos que valiese la pena. Mande un mensaje al Amo con tan solo ¿puedo? al instante me llego su contestación, "si es una mujer, sabes que si" del mismo modo que se que le gusta que le avise.

Tome sus manos en las mías y las acaricie al tiempo que le volvía a explicar con suavidad al oído tocándolo con mis labios lo que teníamos que hacer. Le solté las manos para que pudiese trabajar y las mías se dedicaron a ir quitando con suavidad uno a uno los botones de su blusa, acariciando su piel, colando mi dedo índice dentro de su sujetador y acariciando su pezón completamente duro. Los deseos de meterlo en mi boca hicieron que apretase mi pelvis a su culo, frotándome en una danza rítmica. Un gemido escapo de su garganta y empecé a besarle el cuello mientras mi otra mano se adentraba en su tanga.

Estaba completamente rasurada, los labios eran carnosos, estaban inflamados y un dedo empezó con suavidad el camino hacia su interior, ella ya no notaba las espinas, le daba lo mismos que sus dedos sangrasen, estaba disfrutando.

Tengo una mano dentro de su coño húmedo y cálido la otra acaricia un pecho y disfruta uno de sus pezones, mi lengua juega con su cuello y oreja y disfruto el roce contra su duro culo, ambas estamos gimiendo y cercanas al orgasmo pero no se puede llegar hasta que no haya terminado la corona.

Ya tiene dentro tres de mis dedos, mi humedad esta chorreando por mis piernas y su cuello brilla por mi saliba. me dice con voz entrecortada que ya esta lista. Le doy la vuelta y le ayudo a sentarse sobre la mesa, en menos de un segundo estoy con la cabeza entre sus piernas y ella gritando de placer, la dejo llegar al orgasmo.

Voy a llegar 20 minutos tarde, eso va a suponer 20 azotes más de los que tenga el Dueño previsto,  no importa, estoy demasiado excitada y los voy a necesitar para conseguir un maravilloso orgasmo, me despido con un beso y un suave, "hasta el lunes que viene".

Y por fin llega el último azote con un fuerte "correte perra", un grito de placer escapa de mi garganta, ha sido uno de los orgasmos mas fuertes de los últimos meses, me quita las pinzas con suavidad, suelta mis brazos y piernas, me quita la corona de margaritas y alambre de espino que la florista ha confeccionado mientras le brindaba un orgasmo y me lleva al baño, para ducharme y mimarme.

Estoy deseando que llegue el lunes que viene.


jueves, 19 de mayo de 2011

Mimos

Llevo un rato sentada a sus pies, la tele me aburre. Te pido permiso para poder ir al baño a por la leche corporal me noto un poco la piel seca y sin casi prestarme atención me das tu consentimiento con un ligero movimiento de cabeza, paso a cuatro patas por delante del televisor para no taparte la visión.

Regreso al salón y veo que mi lugar ha sido ocupado por tu perra, un San Bernardo demasiado grande para intentar apartarla así que marcho al sofá con una sonrisa picara en los labios.

Vierto un poco de crema en mi mano  y lentamente la paso por el empeine de mi pie derecho, queda un rastro blanco sobre el, durara poco ya que a continuación empiezo un perezoso pero constante masaje a mi pie.

Desciendo hasta el dedo gordo masajeándolo con los pulgares, me estas mirando de reojo aunque hago ver que no me he dado cuenta y mis movimientos se vuelven mas perversos. Voy masajeando todos los dedos jugueteando con ellos con movimientos sensuales. Primero un pie luego el otro para volver al primero e ir subiendo lentamente hasta la rodilla, bajar al tobillo, jugar con el dedo meñique, volver de una vez hasta la ingle bajando con suavidad al tiempo que dejo escapar el aire por mis labios sonando un suave gemido.

Sin previo aviso mi Dueño se levanta y viene a mí, me pone en pie de un tirón para sentarse el en el sofá y tumbada sobre sus rodillas empieza lentamente siguiendo un ritmo mental a golpear mi culo, en el primer golpe grito por la sorpresa en el décimo noveno mis lágrimas corren por las mejillas.

Unos pocos después me sienta sobre sus rodillas y acunándome me dice al oído, cuando quieras mimos solo tienes que pedirlo no hace falta que los proboques, le miro sorprendida y ambos estallamos en una carcajada.

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martes, 26 de abril de 2011

TRES SUEÑOS .... tercer sueño




Los gemidos de la mujer siguen sonando en mi cerebro haciendo que mi humedad aumente y una punzada de envidia golpe mi corazón.

Parpadean las luces y una mano grande tapa mis ojos, con la otra la boca, su cuerpo grande y musculoso me inmoviliza contra la pared no puedo ver, no puedo gritar, no conozco ese olor y sin embargo mi excitación aumenta.

Una voz ronca me susurra que no abra ni los ojos ni emita sonido alguno, estoy paralizada por el miedo y me quedo como una estatua. Un pañuelo de seda cubre mis ojos me llega un olor genuino a sexo, sexo salvaje, sexo añorado. Ahora la mordaza es colocada en mis labios, trago con fuerza su cuerpo duro sigue pegado a mi inmovilizando.

Me pone cara a él, a cada movimiento suyo llega a mi nariz su olor, una tortura que me deja la mente en blanco y hambrienta, levanta con suavidad mis manos sobre mi cabeza, toco una especie de tubo y me esposa a el.

Suelta el cinturón de la gabardina, aparezco desnuda ante él, -"sabrosa"- sale de entre su labios y acto seguido noto una pinza en cada pezón y una tercera en mi clítoris. Vuelve a girarme, apoyo mi frente en la pared y sin esperarlo noto el primer golpe en mi culo, uno tras otro sin prisa, sin pausa, haciendome unos gemir y otros gritar, según avanzan los golpes los noto mas dolorosos ya que va golpeando zona golpeada, no hay furia, solo deseo, el deseo de oír escapar como puede tras la mordaza mis quejidos.

No se cuantos lleva, solo se que me siento terriblemente excitada, solo se que a pesar de las lágrimas que caen de mis ojos estoy feliz, solo se que de pronto me invade un terrible cargo de conciencia, ¿como he consentido? No es mi Dueño, cierro los ojos tras la venda con fuerza.

Estoy tumbada en mi cama, me escuece el culo, la gabardina esta con cuidado sobre una silla y a mi lado hay alguien, reconozco el olor y avergonzada intento salir de la cama, no merezco estar en la misma habitación que mi Dueño.

-¿Donde vas? - oigo a mi espalda, no se que decir, estoy avergonzada. -Vuelve a la cama y duerme tranquila - estuve todo el tiempo allí, no se hizo nada que yo no hubiese autorizado - Vuelve tranquila conmigo, que mañana hablaremos de tus fantasías.-

domingo, 3 de abril de 2011

TRES SUEÑOS... segundo sueño




Sigo mi camino con una sonrisa, me paro en una cafetería para tomar un café que aporte un poco de calor.

En el interior la temperatura es muy agradable, ero yo no puedo quitarme la gabardina ya que no llevo nada debajo de esta, así pues me tomo mi café con leche sin entretenerme más de lo preciso.

Tal y como salgo observo una pareja apoyada en un coche besándose, los miro con envidia y una sonrisa triste en mis labios y mi mente vuela veloz con una dulce fantasía.

En el preciso momento en que empiezo a imaginar una farola parpadea la miro y cuando mi vista vuelve a la pareja del coche esta ella atada sobre el capot, en la misma postura que si lo estuviese en una cruz de San Andrés.

Llevaba un corset de cuero negro que dejaba al aire sus pechos, sus pezones estaban pinzados y unidos por una cadena que su Amo sostenía con una mano tirando hacia arriba de ella al tiempo que le golpeaba el pecho con una fusta.

Mi lengua moja golosa mis labios, mi boca se ha hecho agua ante la escena, él me sonríe y guiña un ojo al tiempo que me invita a acercarme con un movimiento de su cabeza.

Le devuelvo la sonrisa notando como un calor sube por mis muslos, sin embargo inclino la cabeza y sigo mi camino con el sonido de la fusta golpeando sus pechos y los gemidos de la mujer

domingo, 27 de marzo de 2011

PUNISHED - Brynn Paulin - "CAPITULO 6"


Capítulo 6
Ethan se sentó en su oscura oficina, bastante seguro de que nunca había sido más miserable. Ni cuando había tenido varicela a edad adulta, ni cuando perdió su último trabajo por la incompetencia de alguien. Ahora, se sentía desolado.
A pesar de que tenía los músculos cansados cuando por fin llegó a casa un par de noches atrás, no había podido dormir. La visión del rostro herido de Nat lo había atormentado, y sabía que sucedía algo más. Algo que se le había escapado. Justo lo que no sabía.
La desesperación de ella le tocó la fibra sensible una vez que dio un paso atrás para pensar. ¿Qué era? ¿Qué estaba pasando? Fuera lo que fuese, no podía seguir enfadado con ella. Débil como algunas personas podían pensar, tan débil como podría haber considerado a otro hombre en la misma situación, la necesitaba demasiado para renunciar a ella. La amaba.
Tan pronto como se permitió ver más allá de su traición y recordar lo importante que era ella, casi regresó a su apartamento. Casi. Pero él no era tan débil. Esperaría por ella. Ella vendría a él. Era importante para ambos que ella lo hiciese.
Tres días había esperado. Durante tres días, ella lo había evitado. Ethan lo tenía que haber hecho. Esta noche, él iría a su casa, la azotaría hasta su sumisión y la follaría durante la próxima semana. Y luego, dejaría muy claro que ella era suya, y solo suya y sería mejor que no permitiese que nadie más la tocara. Nunca.
De pie, tomó su chaqueta y luego se dirigió a  la puerta.

Luchando contra la depresión que la había asolado durante los últimos días, Natalia estaba en su escritorio en la oscuridad parcial con la luz del atardecer iluminando lo suficiente para ver los objetos personales que pretendía recoger. Mañana por la mañana, llamaría a personal y se iría. Esta noche, quería recoger sus cosas así no tendría que regresar después de que Ethan lo supiese. Él la odiaba de todos modos, así que ella no entendería que le importase. Probablemente sería un alivio para él ver que se marchaba, y ella no quería ver eso en sus ojos.
- Natalia.
Ella saltó con el sonido de su dura voz y miró con aire de culpabilidad al verlo de pie en la puerta de su oficina. Su voz no revelaba nada más que su mando normal, y las sombras le tapaban la cara. Probablemente mejor. Ella no quería ver su disgusto o decepción o enojo. Ella había estado viviendo con eso en sus recuerdos los últimos días.
- En mi oficina. Ahora – dijo, y sin esperar a que ella obedeciera, volvió a entrar y encendió la lámpara de su escritorio.
Ella consideró el negarse. Él ya no era más su amante o su jefe. No tenía que seguir sus órdenes. ¿Qué haría si ella se dirigiese hacia la salida? ¿Azotarla? Seguro. Dudaba que eso volviera a suceder alguna vez. No por él. Ni por cualquier otra persona. Ningún hombre, salvo Ethan volvería a hacerle eso. No lo permitiría de nuevo.
Un profundo suspiro se le escapó. Si quería gritarle, bien. Le dejaría. Sintiendo como si tuviese un millón de años, se dirigió a su oficina para el fin del fin.
Él estaba de pie cerca de su escritorio, la mayor parte de su cuerpo, incluyendo la cara, aún en las sombras. – ¿Dónde has estado?
- Enferma.
Él hizo un pequeño, enfurecido sonido. – No me mientas. No has estado enferma. ¿Qué estabas haciendo ahora?
- Recogiendo mis cosas – se miró las manos y las metió en los bolsillos de sus vaqueros y desvió la mirada hacia la oficina exterior. Mirarle todavía le provocaba mariposas en el vientre y la necesidad se construía en su coño. No importaba lo enojado que estuviese con ella, su cuerpo todavía reaccionaba a él.
Él se quedó en silencio unos momentos. – ¿Por qué?
- Me voy. He dimitido. – En contra de su mejor juicio, levantó la mirada hacia él y se encontró con que se había acercado al mismo tiempo que ella le había evitado con esmero.
Él levantó una ceja e inclinó la cabeza. - Eres tú, ¿no? – le preguntó con un aire divertido.
- Sí.
- Hmm…
Se dio la vuelta, quitándose la corbata que colgaba suelta alrededor de su cuello y la arrojó sobre el escritorio. Ella se movió para marcharse.
- Sólo estoy aprendiendo – dijo en voz baja. – No fue mi intención hacerte daño o desobedecer o ser infiel. No hubo sexo. Ni siquiera disfruté de ello, de hecho, le dije que se detuviera incluso antes de que pasara nada. Pero pensó que estaba jugando hasta que le grité mi palabra de seguridad. Estar allí, sabiendo que no eras tú, era sólo… vacío. – ese mismo vacío que la estaba dominando de nuevo. Necesitaba marcharse de allí antes de que las jodidas lágrimas empezasen de nuevo. Se mordió el labio, disgustada por su debilidad, incluso cuando su corazón le dolía.
- Congélate ahí – dijo – No dije que te pudieras ir.
Se negó a mirarle. – No eres mi jefe, o mi amante o lo que fuera que teníamos.
Como fuera que él lo llamase, ese tiempo juntos había sido maravilloso.
- Mmm – murmuró otra vez – ¿Es así? Bueno, me hace feliz pensar que soy tu maestro. Tu ‘Señor’. La respuesta a tus fantasías. – Él la envolvió en sus brazos y después  le apretó la cara contra su camisa. La mejilla apoyada contra la parte superior de su cabeza, haciendo que se sintiese en su capullo de protección, dominio y cuidado. Él la abrazó con fuerza, como si nunca la fuese a dejar ir. – Pensar que habíamos terminado, ahí es donde te equivocas, mi pequeña irresponsable. Tú me perteneces. No te equivoques, tu corazón, tu alma y todo tu cuerpo son míos. Incluso este culo. – lo acarició con la mano. – Sobre todo este culo cuando se trata de un castigo. ¿Entendido? Nadie más lo tocará.
Ella no respondió. No lo entendía. Quería creer, pero él no podía estar diciendo…
Cuando estuvo en su apartamento, dijo que habían terminado. ¿No había dicho eso?
- Ahora – dijo él – Quiero que te desnudes, y te arrodilles en la esquina junto al armario hasta que te diga lo contrario.
Ella lo miró, todavía confundida por el súbito giro de los acontecimientos. Sus ojos eran tiernos, el rostro estricto.
- No entiendo.
- Quiero decir que no renuncio a ti. Lo había decidido, antes de que confesases lo que sucedió en el club, bueno, y ahora quiero golpearle hasta que sea una masa sanguinolenta por atreverse a tocarte cuando le dijiste que no, pero esa es otra historia.
- Él se disculpó.
- No me importa. Voy a tratar con él. Más tarde. Ahora, - ordenó, en voz baja pero con firmeza, no dejando lugar para sus argumentos – desnúdate.
Bordeándola, él fue hacia la puerta y la cerró para impedir la posible interrupción del personal de limpieza, supuso ella. No queriendo decepcionarle ahora que él la había perdonado, se quitó la camiseta mientras se sacaba las zapatillas deportivas. Abriendo el botón de los pantalones, se sacó los vaqueros.
- Bragas – gruñó, golpeando su trasero.
- No sabía que las ibas a ver, Señor – respondió ella.
- Ese fue tu primer error. El segundo es que todavía las llevas puestas.
Ella hizo un mohín y se pasó el dedo por la cintura. – ¿Me las quito?
- ¿Quieres unos azotes?
- ¿De ti? Más de lo que nunca sabrás. – La idea de sus manos sobre ella, en cualquier lugar, la hacía temblar. La piel de gallina subió por sus brazos y su coño se apretó mientras él se acercaba hasta que estuvieron pecho contra pecho. Sus largos dedos desabrocharon su sujetador y lo dejaron caer al suelo, mientras ella miraba hacia arriba las duras líneas de su rostro. Comandante, determinado, tan diferente a la ira que había visto antes.
Sus muslos se apretaron, y sus pliegues se deslizaron el uno contra el otro, un signo claro de su excitación. Había pasado tanto tiempo desde que ella lo había sentido… tocándola, llenándola, besándola.
Él metió los dedos entre su pelo y la llevó hasta sus labios. – ¿Realmente crees que es un buen momento para tomarme el pelo? – preguntó.
- Sí, señor.
Él negó con la cabeza. – Siempre una chica traviesa.
- Tu chica traviesa.
- Malditamente correcto. – murmuró. Su boca aplasto la suya, presionando los labios de ella apartándolos para empujar la lengua en su interior. Ella gimió, arqueando su cuerpo contra el de él, con la esperanza de que la llenase en el futuro.
Él arrastró los pies, mientras la besaba con avidez, como si nunca tuviese lo suficiente de su boca. Sin embargo, al mando de sus labios, se sentó en una silla frente a su escritorio. Antes de que ella pudiese anticipar el movimiento, él la tenía sobre sus rodillas extendidas. Rápidamente, le bajó las bragas de algodón blanco hasta las rodillas, atrapándole las piernas, pero liberando su culo para él.
Frotó la palma de su mano sobre su trasero. – Tan bonito, pero tan blanco. Me gusta rojo.
- Oh Dios, por favor, señor. Por favor…
- Por favor, ¿qué? ¿Qué te azote? ¿Seguro que es lo que quieres?
- Sí. He sido mala.
- ¿Lo has sido? ¿Qué has hecho?
- Yo… yo te hice infeliz.
- Mmmm, sí, así fue. – respondió él y su mano golpeó con fuerza sus nalgas. El fuego estalló a través de ella, y era lo único que podía hacer para no arquearse como una gata en celo. Sus pechos presionaban contra los pantalones de él, arañándola con cada palmada que le daba.
- ¿Y? – exigió.
- Y… yo… mentí sobre lo de estar enferma.
- Tres veces, de hecho.
- Cuatro – respondió ella – Te lo dije también a ti.
- Cuatro entonces – Su mano golpeó el culo tantas veces como mentiras. Oh, el dulce dolor. El dulce mordisco del dolor. Desesperadamente, ella trató de pensar en más transgresiones. A decir verdad, estaba dispuesta a hacer más cosas si él mantenía su atención en su parte trasera.
- Hice mal mi trabajo, no respondí mis llamadas, no respondí mis e-mails… - Calmadamente él enumeró sus pecados y la palmeó por cada uno de ellos. Con su parte de atrás caliente, la excitación resultante se filtró hacia abajo y rebotó a través de su coño como fuegos artificiales fuera de control. Sus terminaciones nerviosas chispeando, enviándola a un plano de placer increíble. Ella quería estar allí, en el regazo de su hombre, todo el tiempo que él quisiera tenerla.
- Por favor… seré buena – exclamó en beneficio de él.
- No lo serás – bufó. Añadió unos golpes extra por si acaso, mientras ella se retorcía sobre sus rodillas, sabiendo que eso lo incitaba más. Las palmadas en su culo sonaron a través de la oficina en silencio interrumpido por sus gritos.
- Por favor, señor – imploró – Por favor…
Si él no se detenía – y ella no quería que lo hiciese – sería lanzada a un orgasmo que le dejaría los pantalones húmedos. Ella lo necesitaba en su coño cuando llegase. Quería ser uno con él.
- Te negaste a quitarte la ropa interior – añadió. Ella esperó otra palmada, necesitándola, deseándola, pero él no la tocó. La puso en pie y la volvió para enfrentarla a él. Sus labios temblaban y ella se dio cuenta de que las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras bajaba la cabeza como una colegiala recalcitrante ante el director autoritario. Se mordió el labio, sabiendo que añadida a su imagen, le inflamaba. Su mano frotaba sus nalgas maltratadas, la piel caliente bajo su palma.
- Ahora, como te había dicho. Arrodíllate. Manos estiradas a los lados y rodillas separadas, señorita Cooper. Y no aprietes los muslos. No creas que no te veo haciéndolo.
- Sí, señor – respondió. Su corazón vibró ante sus órdenes.
El silencio reinó en la oficina, mientras ella obedecía, y se alegraba de que siempre hiciera algo de calor allí. El aumento de la carne de gallina en sus brazos no tenía nada que ver con el frío, a pesar de que el metal frío del armario contra uno de sus pechos la hizo temblar hasta que pronto su piel se calentó. En cambio, su reacción fue porque sabía que él aún estaba en la silla, ligeramente inclinado sobre un brazo, con una pierna cruzada sobre la otra y observándola. Él miraba su culo enrojecido.
Inclinó la cabeza hacia un lado, cuando la tensión aumentó entre ellos. Ella deseaba que se arrodillase tras ella y tirase de su cuerpo contra el suyo, luego arrastrase los dedos por su vientre hasta deslizarlos en su coño y empujase en su interior.
Ella tomó una temblorosa respiración, sintiendo su crema filtrarse por sus pliegues mientras su coño se apretaba con la necesidad de sentirse lleno. Oh Dios, esperaba que él no le negase la liberación como lo había hecho la mañana que había tratado de escabullirse. Después de haber traicionado su confianza, ella se merecía tener su placer retenido.
- Dime – dijo al fin, rompiendo el silencio – Explícame por qué lo hiciste.
- Yo… umm… Hice una reserva en El Calabozo la noche que estuve allí, aquella noche en la que fuiste el sacerdote y yo la estudiante. Ellos piden que hagas tu próxima inscripción de inmediato.
- Sé cómo funciona. ¿Por qué no la cancelaste? – interrumpió. La ira en su voz  hizo que cerrara los ojos y deseando poder escapar a cualquier parte lejos de allí. No quería verle enfadado de nuevo. Sola, desnuda y castigada en su oficina, de repente se sentía vulnerable como nunca antes se había sentido. Completamente a su merced.
- Pensé en ello – respondió – Fue la cosa más estúpida que he hecho. Y acababa de recibir un e-mail tuyo, uno de los personales. Y me hizo sentir tan caliente, todos ellos lo hacían. Y tú me habías prohibido liberarme a mi misma y tenía toda esa tensión en mí -  Ya se estaba construyendo de nuevo en ella mientras las palabras se deslizaban por su lengua, y recordó las palabras de su e-mail y la forma en la que se había sentido durante ese tiempo. Tan agitada. Tan necesitada.
Su cuerpo comenzó a temblar. Trató de detenerlo para que él no se diera cuenta de cómo la hacía sentir, pero nada hacía que se detuviera. Sólo lo hacía peor. Incluso sus palabras temblaban cuando continuó, al límite del placer insatisfecho. Estar allí era más tortuoso de lo que cualquier nalgada, azote o palada pudieran ser.
- Estaba leyendo. Y la nota recordatoria de El Calabozo entró. Y pensé, bueno tal vez… tal vez unos azotes, totalmente nada sexual, podría sacarme del límite de lo que sentía. Que tal vez pudiera hacerlo y pasar las próximas dos semanas sin ir como una bala perdida rompiéndome sobre la cabeza inocente de alguien.
Ethan no dijo nada. Ella quería mirarle, para ver lo que estaba  pensando, pero no se atrevió.
- No quería nada… sexual. – Susurró – Ni siquiera me di cuenta de que es la sexualidad unida a ti la que me hace sentir mejor. Empecé a tener dudas de inmediato, y para cuando llegué, estaba casi enferma. – Aunque él le había dicho que mantuviese los brazos a los lados, los cruzó sobre su medio, abrazándose a si misma, como si pudiese mantener los recuerdos a distancia. – Le dije que parase. – Susurró.
- Natalia – dijo Ethan en voz baja – Ven aquí.
Cuando se levantó y se volvió, lo encontró de pie a unos pasos tras ella. La tomó entre sus brazos y le besó la parte superior de la cabeza. Su calidez enviando lejos el frío que la historia había empujado a través de ella. Con suavidad, le acarició con la mano extendida, la espalda y la otra tras ella. La carne sensible picaba con su toque, enviándole calor.
- Quiero llevarte a casa y hacerte el amor – le dijo – No puedo esperar más tiempo.
- Por favor, no. Te necesito.
Para su sorpresa, él se dejó caer de rodillas ante ella, sosteniendo una de sus manos mientras con la otra presionaba sus labios. – Nat, mi dulce amor… Por favor, cásate conmigo. Promete que siempre serás mía. Nunca dejaré que nadie te haga daño. – sus ojos le imploraron que dijese que si – Te amo.
- Ethan… - se quedó sin aliento. Ella cayó también de rodillas y lo abrazó con fuerza. Le besó en el cuello – He estado tan asustada y vacía sin ti.
- Yo también, cariño – respondió. Cogiendo su barbilla con la mano, levantó su boca hacia la suya. Mientras la besaba, movió sus brazos alrededor de su espalda y la tumbó sobre la alfombra, luego continuaron besándose. Su cuerpo encajado entre los muslos entreabiertos, sus pantalones rozando la suave piel, su bragueta presionando sobre su coño. Arqueando sus caderas, ella frotaba su clítoris contra la tela ligeramente nudosa. Desesperada por sentir su piel, ella agarró la camisa y se la sacó del pantalón. Sus manos se deslizaron por debajo del algodón alisando su espalda. Ella gimió. Le encantaba lo caliente que estaba su piel, lo poderoso que se sentía mientras sus músculos se movían bajo su toque.
- Ethan – murmuró contra su oído mientras mordisqueaba el lóbulo – Sé que quieres hacerme el amor, pero realmente necesito que me folles. Ámame más tarde.
- Nat – gruñó. Se arrodilló de nuevo y abrió los puños. El cuello de su camisa ya estaba abierto así que tiró de ella sobre su cabeza y la arrojó a un lado. Juntos, abrieron los pantalones, luego cayó sobre ella, su ancha polla profundizando en su interior.
- Oh, sí – gritó ella, sus caderas elevándose hasta él – ¡Duro, por favor, duro!
Después de estar completamente vacía durante los últimos dos meses, ser llenada por él la enviaba volando a un plano borroso de placer donde de lo único de lo que era consciente era de su polla creciendo dentro de ella. Sentía cada arista, cada pedacito de su cintura, mientras él estiraba su tierno canal. Ella nunca se había sentido tan plenamente reivindicada como ahora, sabiendo que sería para siempre suya, propiedad de este poderoso hombre… lo que acababa de hacerlo todo mejor.
Una mano sujetó su pecho, los dedos retorciendo su pezón. La sensación de un rayo de fuego se disparó en su pelvis, y ella se apretó alrededor de él, gritando en el éxtasis. Fijó su boca sobre la de ella amortiguando sus gritos mientras la besaba con pasión salvaje. Una y otra vez, él atormentó los picos hasta que ella estuvo frenética bajo él.
De repente, ella se resistió y se congeló en una escena de liberación completa, todo su cuerpo se apretó y luego explotó en una reacción de estremecimiento. Ethan empujó un par de veces más antes de seguirla en su clímax, llenándola con su semen caliente. Su profundo grito resonó en la oficina. Ella podría escuchar para siempre el sonido de él encontrando la dicha. Era tan visceral, tan básico y ella hacía que sucediese.
Su boca presionó en su cuello, sus caderas se movieron poco tiempo más, y él gruñó su placer.
- Nat – suspiró cuando ambos se calmaron. Su erección todavía estaba muy dentro de ella, contrayéndose y haciéndola llorar en voz baja por las suaves reacciones que le provocaba. – Dime, ¿te casarás conmigo?
¿Había realmente que preguntarlo?
-¿Me azotarás a menudo? – preguntó con una sonrisa maliciosa.
Él negó con la cabeza. – Eres tan traviesa. – Respondió con un suspiró como si lo pensase.
- Creo que te gusto de esa forma – bromeó – Mi pobre trasero. Tan castigado.
Ella se mordió el labio, y él gimió, mordiéndose a si mismo.
- Probablemente a menudo. Muy a menudo. - confirmó
- Entonces definitivamente sí. Sí, señor. – enroscó sus piernas en torno a él y se empujó sobre su polla aún dura. Sus ojos se encontraron y ambos gimieron, y todos los jugueteos cesaron. – Sí, porque te amo, Ethan. Mi señor.

Fin
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